EME Catedral Mercer Hotel
“Sevilla en modo guión de Berlanga. La Giralda a un lado, la terraza del EME al otro… y en medio, la cara de póker del portero diciéndonos que con un niño no se pasa. Pero como no hay nada más peligroso que un padre con educación y tiempo, llamé al hotel. Al poco, Pablo, el director, no solo dio la cara: bajó, nos escuchó, explicó con calma y nos subió él mismo. Mano izquierda, empatía y sentido común. Lo que le faltó a la entrada, sobró en la gestión. Arriba, las vistas son lo que prometen: postales vivas de una ciudad que enamora. Servicio correcto, ambiente con pretensiones y precios que suben como el ascensor. Pero al menos esta vez, mereció la pena. La experiencia deja una lección: cuando el criterio está en los mandos, se nota. Y que la diferencia entre “prohibido” y “bienvenidos” es, muchas veces, una llamada bien atendida. Frase para la servilleta: Una azotea no se mide por las vistas, sino por la altura de quien la dirige.”