La Casita de la Sierra de Guadarrama
“Fui con mis amigas un fin de semana y nos lo pasamos genial. La casa es perfecta, y las vistas desde el salon son preciosas. Super recomendable si quieres pasar un fin de semana agradable de relax!”
4 resultados encontrados
“Fui con mis amigas un fin de semana y nos lo pasamos genial. La casa es perfecta, y las vistas desde el salon son preciosas. Super recomendable si quieres pasar un fin de semana agradable de relax!”
“Lugar muy bonito, ruta fácil y corta de senderismo. Un plan muy chulo de pasar un día y comer en el merendero”
“Me gusta ir a la nieve la verdad es que pienso volver este año más veces, Una vez me asuste un poco porque no veía nada de la nevada que estaban cayendo pero nada, al final todo bien. Es uno de los lugares más bonitos y el más alto de todo madrid, camino a desde ahí o puerto de cotos.”
“El Pajar de Navacerrada: qué gozada tropezar con un sitio que te pilla cerca de todos los lugares que frecuento. Un gran hallazgo que añado a mi lista. La hamburguesa Pajar… rica no, riquísima. Una señora hamburguesa: ternera jugosa, cheddar ahumado, lechuga, tomate, cebolla, bacon y unas patatas fritas ricas. El cachopo, según cuentan, es el más famoso de la sierra. Y después de verlo salir rumbo a otra mesa, lo entiendo: finito, bien armado, con queso Idiazabal y un jamón del que no se discute, se respeta. Lo probaré la próxima vez, igual que esos huevos rotos con jamón que vi desfilar. Ah, y no olvidemos los torreznos. Los del lugar juran que son exquisitos… y yo, por cómo hablaban, diría que no estaban exagerando. Volveré. Y pronto. Porque hay sitios que te conquistan y otros que directamente te adoptan, y El Pajar tiene toda la pinta de lo segundo. Buen servicio y Emilio muy atento. Hoy, domingo 7 de diciembre, volvimos al restaurante para probar otros platos. Y nada más cruzar la puerta… ¡zas! Un señor alto, corpulento y con más genio que simpatía casi nos despide sin siquiera preguntarnos si teníamos mesa. —¡Está todo completo! ¡No hay sitio! —soltó. A lo que respondí, ya con cierta chispa: —Oiga, que tenemos reserva desde hace una semana. —¿Son cinco? —Pues sí. —Ah… esa es su mesa. Superado el recibimiento, las cosas mejoraron: las croquetas crujientes estaban de escándalo y los torreznos, muy muy buenos. El cachopo, para enmarcarlo. Solo una nota: no sé exactamente quién es ese señor alto y contundente —si es el dueño, el encargado o el padre de Emilio—, no es la persona más indicada para estar de cara al público. Y sí, el servicio fue lento: una hora y media desde que nos sentamos. Pero el restaurante estaba a reventar, así que… se lo perdono. ¡Seguiremos yendo!”