Benedita Elisa (Santiago de Compostela)
“Fuimos a comer un grupo de 8 amigos con ganas de disfrutar, charlar y compartir buenos platos. El restaurante está situado junto al mercado de abastos, lo que ya da buenas pistas sobre producto fresco y ambiente genuino. Los chefs-propietarios configuran un espacio que equilibra cercanía y mimo, sin pretensiones exageradas pero con aspiración culinaria. De entrada pedimos el bikini de ternera (uno por persona). Fue una excelente forma de comenzar: buen pan, buena carne, sencillo pero bien hecho. A continuación vino el tartar de atún. Bien equilibrado, texturas limpias, sabor directo. Luego llegó el steak tartar: para mí el plato de la tarde hasta ese momento. La carne tenía matices, se apreciaba su calidad. En ese momento ya estaba prácticamente rendido ante la comida. Pero aún quedaban dos platos más, y lo admito: empecé a suplicar de broma que acortáramos la comanda porque mi estómago ya decía “basta”. Llegaron los canelones. Aquí me quedé un poco frío. La bechamel estaba rica, pero la carne dentro era difícil de concretar (pollo, ternera, cerdo… no lo tenía claro) y le faltaba ese “algo” distintivo. Y cuando menos lo esperaba, apareció la parpatana. Sin duda para mí el mejor plato del día. Fue una pieza en la que se percibían tres perfiles de sabor distintos: la parte más seca me recordó a trucha, la parte intermedia a un salmonete, la más grasa casi al salmón de buena calidad. Fue muy interesante apreciar esos matices en una misma pieza. Para terminar: cafés y postres. Probé dos; uno destacaba por la novedad, pero la tarta de queso (con sabor marcado a queso de cabra) me conquistó: la incluiría ya en mi “podium de tartas favoritas” sin duda (aunque si tuviera una base suave de galleta sería aún más redonda). En resumen: una experiencia muy buena, con altibajos — los canelones no alcanzaron lo sobresaliente, pero los demás platos lo compensaron ampliamente. Servicio atento, ambiente agradable, producto cuidado. Para una comida con amigos como la nuestra, cumplió con creces. Si volviera, repetiría sin dudar el tartar, el bikini de apertura y ese pescado tan bien perfilado. Lo recomiendo sin reservas, sobre todo si quieres disfrutar de buena cocina gallega contemporánea sin que el protocolo ocupe el primer plano.”