Catedral de Santiago de Compostela
“Cuando llegas a Santiago de Compostela y entras en la Catedral para la Misa del Peregrino, no solo llegas a un destino, sino a un punto de encuentro entre el alma y el camino. La arquitectura impone silencio y respeto, pero lo que realmente te envuelve es la energía de miles de pasos que han llegado antes. El incienso, el sonido del órgano, las voces que se alzan en distintos idiomas, y esa sensación de haber completado algo más grande que uno mismo. Uno de los días que entré, la luz atravesaba los vitrales con tanta precisión que parecía que el cielo mismo se hubiera abierto dentro del templo. Fue pura belleza, una bienvenida sagrada después de tantos kilómetros. Hondo abrazo”