Hotel Rural El Navío
“Me alojé en una habitación estándar y, aunque pequeña, no tiene nada que envidiar a otras que he visto en hoteles de cuatro estrellas: baño amplio, con materiales de primera, perfectamente equipado (sets de higiene personal, secador de pelo, decoración) con una ducha enorme en la que caben holgadas dos personas. Además, el baño tiene luz y ventilación naturales. La habitación dispone de TV plana de 32 pulgadas, nevera y caja fuerte (sin suplemento). Pero lo mejor es la terraza: es enorme y privadísima, frente a una plantación enorme de plataneras, con vistas directas al mar y al atardecer. En la terraza tienes una mesa de forja, dos sillas, un pequeño tendedero y dos tumbonas comodísimas para tomar el sol, y aun así sobra muchísimo espacio para moverse. Es más grande la terraza que la habitación. Tanto la puerta como la ventana de la habitación disponen de mosquiteras. La limpieza de la habitación era cuidadísima, inmejorable. La piscina es prefabricada, de unos 10 metros, más que suficiente para el tamaño del hotel y, precisamente por esto, no es difícil disfrutarla sin más compañía que los pájaros. La comida superó mis expectativas: el desayuno es un buffet algo escueto, pero en el que puedes encontrar cuatro variedades de pan, embutidos, varias mermeladas, platos calientes, bollería, leche sin lactosa y te sirven un zumo con papayas de la propia finca. Las cenas se componen de dos platos y postre y pan con mantequilla de entrante, acompañado de una botella de vino blanco o tinto (a elegir) del país -riquísimos los dos-. Me parecieron platos elaborados con esmero, sabrosos y decentemente presentados. Para el personal, un diez, tanto para la limpiadora como para los que atienden en el hotel. El aparcamiento es gratuito y más que suficiente. A mejorar: las habitaciones no están insonorizadas y si te tocan "vecinos" ruidosos te vas a enterar de todo. Eché en falta un escritorio en la habitación. La última ducha que tomé fue más bien con agua tirando a fresca porque apenas salía caliente. En una de las cenas me pusieron unos filetes de atún en adobo riquísimo, pero con unas papas negras arrugadas recalentadas, y eso para un canario es un agravio; una pena que se puede entender porque es un hotel muy pequeño en el que la optimización de recursos ha de ser fundamental.”