Bar Albentosa.
“Bar familiar y cercano. Todos los platos que probamos estaban muy buenos y se notaba que era todo casero. No dudaremos en recomendarlo y por supuesto en repetir. Dejo unas fotos de lo que nos pedimos.”
7 resultados encontrados
“Bar familiar y cercano. Todos los platos que probamos estaban muy buenos y se notaba que era todo casero. No dudaremos en recomendarlo y por supuesto en repetir. Dejo unas fotos de lo que nos pedimos.”
“Una experiencia muy enriquecedora. El ambiente junto con la amabilidad del servicio excelente. La comida de buena calidad pero por sacar un “a mejorar” el queso rallado del ravioli bastante seco y sin sabor y quizás, para mi gusto, el trampantojo de helado a modo de burrata sobre el carpaccio se le comía bastante el sabor de este. Por lo demás, un sitio que recomendaría ir sin dudarlo por sus maravillosas gyozas de buey, sus langostinos rebozados y su inmejorable cremoso y casero tiramisú.”
“Habiendo muy bueno a buen precio”
“Muy buen servicio y la camarera súper atenta, he estado con mi perro en la terraza y sin decir nada sacaron agua para el animal, cosa que no hacen en ningún sitio. Servicio excelente y amable, buena calidad.”
“Buen vermut y super amables. Muy detallistas y mejor comida. Para repetir. 100% recomendable. Volveremos!!!”
“A la BRASA: "La amo desde antes que la palabra amor brotara de los labios y naciera el fuego." No es una despedida ni un olvido. Una vez más, me ha sido un verdadero placer degustar con toda la profesionalidad del buen hacer de las manos de Nely a la brasa, como el hacer en equipo de Silvia, Yumei y Jesús. A los que nombro y a los que no, mi sempiterno agradecimiento por este tiempo compatido. El Museo de las Fuentes, cumple la más alta norma de hospitalidad, sentirse extraño en su propia casa en beneficio del cliente, y nunca me he sentido un extraño, todo lo contrario, atendido y haciéndome partícipe de la más alta aristocracia de los sentidos, el del gusto que unido a los restantes, el comensal siente y luego piensa tan adorable visión. Inmerso en un salón, la propia intimidad invita a confidenciar la relación gastronómica-secreta. La lengua no tiene huesos pero aplasta con deleite el paladar más exquisito. Mente culinaria compleja y gustos sencillos. La sabiduría de la alta alimentación unida a pequeños detalles que gustan cuando uno está saboreando. Modernidad versus clasicismo, progreso culinario sin dejar en el sabor la ambrosía de los ideales entrantes, antesala de la directa consumación de platos elaborados, sofisticados, reminiscencias de la cocina a fuego lento, como hacía la abuela. El Museo de las Fuentes, evoca a venero apuntes de un subsuelo gustativo que inicia como representación de quienes le han precedido en sus mesas. A Silvia, que posee el mayor grado de hospitalidad y sacrificio porque pese a estar cansada solo mira el complacer al cliente. A todos, mi afecto por siempre hasta una próxima vez.”
“Pasamos de ruta con la moto por Teruel y decidimos parar en este restaurante a almorzar y todo muy bien desde el servicio a los bocadillos como a sus precios. Muy recomendable os dejo la carta de los bocadillos tienen mucha variedad.”