El Diplomático Feo
“Cuando llegué y vi que no había tele, me iba a dar algo. Me gusta tenerla de fondo. Pensé que no habría elegido este sitio de haberlo sabido. Lloviendo todo el puente y sin tele... Ahora sé que volveré. He respirado aire puro; vistas incomparables de la Sierra de Grazalema. La casa es maravillosa. Cada detalle importa. Impoluta, colchones mágicos que te hacen descansar cómodamente. Decoradas con un gusto exquisito, sin resultar cargante. Limpia y bonita, con alfombras cuidadas. Si hablamos de la anfitriona, Ingrid, la casa es un segundo plano. Una mujer culta, elegante, risueña, agradable y muy buena cocinera. Te hace sentir en tu propia casa. Merece mucho la pena visitar este lugar con estos anfitriones canadienses únicos y geniales.”