Viajes Portillo
“Llevo muchos años viajando con esta agencia, para mi el trato es adecuado y muy correcto. Y todos los lugares están perfectos”
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“Llevo muchos años viajando con esta agencia, para mi el trato es adecuado y muy correcto. Y todos los lugares están perfectos”
“la experiencia fue muy buena. La atención fue amable y profesional desde el primer momento. El espacio es cómodo y limpio, y se nota el cuidado en los detalles. Los precios son acordes al servicio que brindan y el tiempo de atención fue correcto. En general quedé conforme y volvería sin dudas. Recomendable.””
“Bonito sitio en el medio del pinar de guadarrama”
“Un sitio estupendo para ir en cualquier época, siempre es bonito. En esta ocasión fuimos en invierno un día despejado con sol y entre -1 y 3 grados de temperatura. Apenas hacía viento, salvo a llegar a la laguna grande de Peñalara que se levantó un poco. Quedaban algunos parches de nieve pero en general el paisaje estaba despejado, sobre todo por el camino. Lo ideal es ir prontito para disfrutar del silencio y tener sitio en el parking de Cotos. Hay varias rutas para hacer de diferente dificultad.”
“Dejamos el coche aparcado frente al restaurante El León. Cruzamos con mucho cuidado la carretera, dado que es un lugar muy peligroso y hay que tener mucho cuidad para no ser atropellado por un coche. Y por el monte pasando por algunos de los bunker de la guerra civil, fuimos recorriendo la senda del Arcipreste de Hita que se hizo expresamente para llevar a la Peña Monumento del Arcipreste de Hita. Entre pinos y demás masas arbóreas es una senda muy agradable.”
“El Pajar de Navacerrada: qué gozada tropezar con un sitio que te pilla cerca de todos los lugares que frecuento. Un gran hallazgo que añado a mi lista. La hamburguesa Pajar… rica no, riquísima. Una señora hamburguesa: ternera jugosa, cheddar ahumado, lechuga, tomate, cebolla, bacon y unas patatas fritas ricas. El cachopo, según cuentan, es el más famoso de la sierra. Y después de verlo salir rumbo a otra mesa, lo entiendo: finito, bien armado, con queso Idiazabal y un jamón del que no se discute, se respeta. Lo probaré la próxima vez, igual que esos huevos rotos con jamón que vi desfilar. Ah, y no olvidemos los torreznos. Los del lugar juran que son exquisitos… y yo, por cómo hablaban, diría que no estaban exagerando. Volveré. Y pronto. Porque hay sitios que te conquistan y otros que directamente te adoptan, y El Pajar tiene toda la pinta de lo segundo. Buen servicio y Emilio muy atento. Hoy, domingo 7 de diciembre, volvimos al restaurante para probar otros platos. Y nada más cruzar la puerta… ¡zas! Un señor alto, corpulento y con más genio que simpatía casi nos despide sin siquiera preguntarnos si teníamos mesa. —¡Está todo completo! ¡No hay sitio! —soltó. A lo que respondí, ya con cierta chispa: —Oiga, que tenemos reserva desde hace una semana. —¿Son cinco? —Pues sí. —Ah… esa es su mesa. Superado el recibimiento, las cosas mejoraron: las croquetas crujientes estaban de escándalo y los torreznos, muy muy buenos. El cachopo, para enmarcarlo. Solo una nota: no sé exactamente quién es ese señor alto y contundente —si es el dueño, el encargado o el padre de Emilio—, no es la persona más indicada para estar de cara al público. Y sí, el servicio fue lento: una hora y media desde que nos sentamos. Pero el restaurante estaba a reventar, así que… se lo perdono. ¡Seguiremos yendo!”