Jugar y sentir
“Mi hija va a esta escuelita desde que tenía un año y este será el último porque empieza el cole. La experiencia no ha podido ser mejor. La elegimos por la ratio baja de niños/acompañante (en bebés eran 4), por la apuesta real por el movimiento libre (no hay una sola hamaca o trona en toda la escuela), la comida casera (cocinera en plantilla y productos frescos diarios) y cercanía y cariño de las acompañantes que respetan los ritmos de cada niño. Ha sido una suerte compartir estos años con ellas.”