ZAGUAN
“Casa genial. Muy bien gestionada.”
Negocios 31–40 de 40
“Casa genial. Muy bien gestionada.”
“Contraté las flores con "La Mandrágora" para mi boda en el Real monasterio de Santa María de El Paular y también mi ramo de novia. La experiencia fue maravillosa, me trajo el ramo a domicilio el propio día de la boda, las flores del monasterio eran preciosas y frescas. Trato profesional y cercano. 100% recomendable”
“El lugar al que debo los mejores años de mi vida.”
“Hemos comido hoy 4 adultos y un niño, y fenomenal. La comida buenísima súper atentos los camareros. Altamente recomendable. Sin duda volveremos cuando estemos x la zona”
“Espectacular, la mejor y mas grande tarta de queso que he comido, por solo 6.50 euros. Siempre que visito el escorial, no me la pierdo.”
“Uno de los mejores sitios de Rascafría para tomar vinos o lo que se tercie en la misma Plaza de España, nunca falta la tapita por cuenta de la casa (arroz, costillas guisadas con patatas,...), muy económico y muy bien atendido, si necesitas cualquier recomendación sobre tu viaje a Rascafría pregunta al personal de la barra que te la darán sin problema alguno. Puedes tomarte los vinos también en la terraza y los días fríos de invierno te puedes tomar tu chocolate de casa aquí. Siempre que venimos a Rascafría vamos varias veces. Nos hacen también los bocadillos (bueniiiiiiisimos) para nuestras subidas a la Maliciosa y Telégrafo. Muy recomendable, muy buena gente.”
“El Pajar de Navacerrada: qué gozada tropezar con un sitio que te pilla cerca de todos los lugares que frecuento. Un gran hallazgo que añado a mi lista. La hamburguesa Pajar… rica no, riquísima. Una señora hamburguesa: ternera jugosa, cheddar ahumado, lechuga, tomate, cebolla, bacon y unas patatas fritas ricas. El cachopo, según cuentan, es el más famoso de la sierra. Y después de verlo salir rumbo a otra mesa, lo entiendo: finito, bien armado, con queso Idiazabal y un jamón del que no se discute, se respeta. Lo probaré la próxima vez, igual que esos huevos rotos con jamón que vi desfilar. Ah, y no olvidemos los torreznos. Los del lugar juran que son exquisitos… y yo, por cómo hablaban, diría que no estaban exagerando. Volveré. Y pronto. Porque hay sitios que te conquistan y otros que directamente te adoptan, y El Pajar tiene toda la pinta de lo segundo. Buen servicio y Emilio muy atento. Hoy, domingo 7 de diciembre, volvimos al restaurante para probar otros platos. Y nada más cruzar la puerta… ¡zas! Un señor alto, corpulento y con más genio que simpatía casi nos despide sin siquiera preguntarnos si teníamos mesa. —¡Está todo completo! ¡No hay sitio! —soltó. A lo que respondí, ya con cierta chispa: —Oiga, que tenemos reserva desde hace una semana. —¿Son cinco? —Pues sí. —Ah… esa es su mesa. Superado el recibimiento, las cosas mejoraron: las croquetas crujientes estaban de escándalo y los torreznos, muy muy buenos. El cachopo, para enmarcarlo. Solo una nota: no sé exactamente quién es ese señor alto y contundente —si es el dueño, el encargado o el padre de Emilio—, no es la persona más indicada para estar de cara al público. Y sí, el servicio fue lento: una hora y media desde que nos sentamos. Pero el restaurante estaba a reventar, así que… se lo perdono. ¡Seguiremos yendo!”