Bar El Rincón
“El cuerpo y el alma no aguantan tanto, y cuando todo se cayó, necesité desaparecer; no sé cómo llegué a El Rincón, solo sé que me senté, pedí algo sin alc0h0l, y por primera vez nadie me miró con ojos de lástima ni con preguntas que duelen; ahí entendí que la paz no hace ruido, que los sitios sanos no necesitan gritar, y que a veces, en una mesa limpia con una vela encendida y alguien leyendo en la barra, uno puede empezar de nuevo sin tener que explicar todo lo que rompió por dentro; por eso vuelvo, siempre vuelvo, no como quien huye, sino como quien al fin encontró un lugar que no duele.”