La Sigrina Hostal
“Espectacular. Ojalá todos los hostales fueran así. Estuve en La Siguriña una noche antes de empezar el Camino y de verdad que ha sido una experiencia increíble. Para ser un hostal, supera con creces cualquier expectativa. Lo llevan dos hermanos que son: simpáticos, súper agradables y atentos. Desde antes de llegar ya te mandan toda la información por WhatsApp —cómo llegar, cómo entrar, las claves, todo muy claro para que no vayas a ciegas. Al llegar, te explican todo con detalle: el funcionamiento del hostal, el desayuno, los sellos del Camino, cómo va la credencial del peregrino, qué visitar en Tui… ¡Lo que les preguntes, te lo resuelven! Te enseñan cada rincón del sitio —el salón, la terraza, tu habitación— y te hacen sentir como en casa desde el primer minuto. Hay detalles que marcan la diferencia: en el salón hay café, té y unas pastitas riquísimas. La terraza es una joya, ojalá haberme quedado más días solo para disfrutarla. Las habitaciones son una pasada: espaciosas, limpias, acogedoras, con baño amplio y todo como nuevo. No sé si es moderno o recién reformado, pero se nota el cuidado y el mimo que le han puesto. Está muy bien ubicado, a un paso de la catedral, del puente de hierro, del paseo fluvial… vamos, que lo tiene todo. Sinceramente, después de dormir aquí, todo lo que he encontrado después en el Camino no le llega ni a la suela de los zapatos. Volvería sin pensármelo”