Jamonalia
“Una auténtica joya gastronómica. Pedimos un cachopo de ¡1 kilo 800! que no solo se comía con la boca… ¡se devoraba con la vista! Jugoso, bien presentado y absolutamente exquisito. Lo acompañamos con una ensalada de canónigos que fue una sinfonía de sabores: foie, frutos secos y jamón ibérico que despertaban todos los sentidos. Y cuando pensábamos que no cabía más, llegaron los helados caseros de pistacho y Kinder Bueno… cremosos, intensos, inolvidables. Como colofón, el servicio fue excelente: cercanos, atentos y muy muy agradables. Un lugar para repetir, recomendar y saborear sin prisa. ¡Gracias por hacernos sentir como en casa!”