Escuela Oficial de Idiomas de Alcoy
“Me encanta mi profesora de inglés. Bueno todas las que he tenido. Muy buena escuela”
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“Me encanta mi profesora de inglés. Bueno todas las que he tenido. Muy buena escuela”
“Como exalumno de este centro, escribo esta reseña cinco años después de haber dejado el instituto. He de decir que muchas de las reseñas negativas son totalmente justificadas; doy fe de ello. Cuando ocurre el raro fenómeno de que te toca un buen grupo de profesores —como cuando pasa el cometa Halley—, es cuando realmente logran sacar lo mejor de ti. Corría el año 2019 cuando me matriculé en el grado superior. Era un muchacho pelirrojo, de cabello largo, que siempre llevaba su inseparable ordenador portátil. El profesorado era muy dispar: algunos muy buenos y competentes, y otros, en cambio, un auténtico martirio. Para poner la guinda al pastel, llegó un compañero superdotado que dejaba en ridículo a todos los profesores, incluido el de Gestión de Bases de Datos. Se ponía los cascos y hacía lo que le daba la gana; y, sinceramente, ¡olé sus narices por poder permitírselo! El profesorado no supo cómo reaccionar ante semejante capacidad intelectual, y ese profesor en concreto la tenía tomada con él. Fue mi única amistad en aquel tiempo, una persona muy consciente de las dinámicas sociales y testigo de cómo algunos docentes eran incapaces de reconocer que un alumno podía ser infinitamente mejor que un docente. En marzo de 2020, con el profesor Parra, llegó el COVID-19. Ese fue mi último día en el aula porque las cosas no estaban claras me acuerdo que quería tocar cosas del segundo curso para ir adelantando. Recuerdo haber advertido a los profesores sobre la necesidad de modernizarse, porque la educación cambiaría radicalmente y deberían apostar por clases telemáticas. Durante los años que estuve allí, me encontré de todo: buenos docentes, malos, los que tenían verdadera vocación y los que creían que sus pensamientos eran la única verdad. También doy fe de que las reseñas negativas no son inventadas: pueden ocurrir cosas como acoso escolar, acoso cibernético e incluso abusos por parte de algunos docentes. Lo único que queda es resistir y ser el más fuerte en una selva inclemente incluso que la administración ciertamente sea mezquina por hacer algo tan sencillo como matricularse. Yo lo tuve claro: ser un desertor del teclado en busca de una vida distinta. Josep, muchas gracias por todo lo que hiciste desde el primer día; te tengo un profundo respeto. Uno piensa que va a dedicarse a lo que estudia, pero la vida da muchas vueltas. Las redes sociales son cada vez peores, e Internet se ha convertido en un gran coloso que sabe más de nosotros de lo que podríamos imaginar. No se desanimen: persigan sus sueños, hagan amigos, encuentren su camino, pero sobre todo, estudien y fórmese bien. Y si no, siempre está el camino de opositar. He estado en este instituto años atrás de lo ya mencionado entonces he vivido innumerables experiencias en este centro formativo”