Pizzería Carlos I Puerto Sagunto
“¡Ojo al dato, pecadores de la pradera! Si no habéis probado las pizzas de Pizzería Carlos en el Puerto de Sagunto de av galiano, es que no tenéis sangre en las venas, tenéis horchata de la mala. Fui el otro día y, de verdad, qué locura. La masa está tan buena que si me descuido me como hasta la caja de cartón y le pido perdón al que está en la caja por no dejarle ni las migas. Pedí una pizza que tenía tantos ingredientes que casi necesita un seguro de vida propio. Pero vamos a lo importante: el personal. ¡Virgen del Amor Hermoso! ¿Qué han hecho, un casting en una agencia de modelos de Milán y luego les han enseñado a ser las personas más majas del planeta? Los camareros son tan guapos que cuando te acercas al mostrador a pedir y pagar, te entran sudores fríos. Estás ahí intentando decir "una carbonara" y lo único que te sale es un balbuceo porque te has deslumbrado con tanta percha. Son majos a niveles ilegales; te cobran con una sonrisa que brilla más que el calvo de Don Limpio bajo un foco. Lo mejor es que pagas al principio, así que una vez que sueltas los "leuros", ya te olvidas del mundo. Te sientas a esperar y, cuando te traen la pizza esos seres celestiales, ya solo te queda disfrutar del festival de queso sin preocuparte de carteras ni de cuentas finales. Si quieres una experiencia religiosa donde el queso fundido te bendiga el alma y los camareros te alegren la vista mientras te tratan como si fueras el mismísimo Rey de España (pero con más hambre), este es tu sitio. Pizzería Carlos: Ven por la pizza, paga con alegría y quédate para intentar que algún camarero te adopte.”