Restaurante Casa Duque
“Hay lugares que no se visitan: se heredan. Este asador segoviano pertenece a esa estirpe de casas donde el tiempo no pasa, solo madura. Las paredes rebosan historia: aperos de labranza, fotos en sepia, vajillas antiguas que hablan de generaciones de domingos y brindis. Desde que uno cruza la puerta, el camarero, de los de antes, con oficio y mirada cómplice, recibe con una cortesía que ya casi no se enseña. Pedimos, como manda la tradición, el cochinillo, y fue un acierto pleno: piel crujiente, carne melosa, ese sabor que justifica el viaje a Segovia y el recuerdo de tantos asadores legendarios. El Ponche Segoviano, casero y delicado, cerró la comida con ese punto dulce y orgullosamente local que corona una experiencia redonda. La cuenta, sorprendentemente ajustada, nos arrancó una sonrisa: calidad y generosidad, algo que ya escasea. Tras el café, nos invitaron a unos chupitos de DYC ocho años, detalle de casa buena y agradecida. Salimos con la sensación de haber comido no solo bien, sino dentro de una historia viva. Un restaurante con alma, con raíces, con ese encanto que solo los años, y la honradez del oficio, saben dar.”