Apartamentos La Montaña
“Cuando unos alojamientos poseen –a tenor de las reseñas– unas altas valoraciones, difícilmente se puede creer que todo sea obra de la casualidad. Para un riojano que acaba de conocerlos y que sabe que en la ciudad no se experimentan determinadas sensaciones apartamentos La Montaña constituyen lo que se anda buscando. Poder desayunar al alba, en tu terracita privativa, sin molestias, mientras contemplas montaña y monte a la vez, con unos horizontes amplísimos que no perturban la perspectiva; o henchir los pulmones con ese olor a tierra húmeda, agreste, muy recio al amanecer y cuyos efluvios van diluyéndose en esa transición en que la luz del día va derrotando a la apacible oscuridad; o adormecerse por la noche arrullado por el río Bullón, que a su paso por Frama no es sino un serpenteante y cristalino riachuelo que brinca y discurre siguiendo su cauce; o contemplar esas emanaciones misteriosas de blanco vapor que la húmeda tierra desprende y que se alzan arrogantes –cual penachos– de entre los árboles, como si pequeños trasgos y duendecillos hubieran preparado a los pies de la espesura una humareda de mil demonios con la lumbre de los fogones; o ver a esos esforzados labriegos, en días lluviosos, realizando su ingrato quehacer calzados con unas almadreñas de nogal que les hacen parecer personajes de tiempos pretéritos; o divisar también desde la terraza al repartidor de pan que introduce confiado la barra en la bolsa de tela que el vecino deja colocada en la cancela, sabedor del respeto secular que en esa zona todavía hay por lo ajeno; o recorrer trochas y veredas en las que nunca hemos estado pero que la tecnología nos anticipa, descubriendo terrenos con amenazadoras colmenas o con vides inofensivas. Pues bien, todo esto es un espectáculo impagable. En la ciudad no existe. Si a todo ello –que no es poco– añades unos alojamientos que, como debe ser, se encuentran rústicamente decorados, limpios, con todo el menaje y equipamiento necesarios, chimenea ... es entonces cuando se tiene la sensación de haber acertado de pleno, siendo la terraza –al menos para mí– algo imprescindible por lo menos en época estival. El colofón es encontrarte con quien los rige, Ana, que te atiende y te aconseja sabiamente en todo lo que necesitas. Es una zona que te embelesa, y sin haberla abandonado ya estás pensando en una nueva fecha para poder volver a visitar esa preciosa comarca lebaniega que enhechiza a quien la visita. Y como digo, aún no te has ido.”