Currillo
“Entré a este bar casi por casualidad y salí con el corazón lleno (y el estómago más todavía). La tortilla es, sin exagerar, la mejor que he probado en mi vida: jugosa, sabrosa, en su punto perfecto… de las que se te quedan grabadas. Y el lomo en manteca ya fue directamente una experiencia religiosa: tierno, potente de sabor y tan bueno que, lo reconozco, se me escaparon dos lágrimas como huevos duros. El ambiente es cercano, auténtico, de los que ya casi no quedan. Y para rematar, la camarera es guapísima y simpatiquísima, con una atención de diez, de las que te hacen sentir como en casa desde el primer minuto. Sitio totalmente recomendado, de los que apuntar como fijo. Volveré sin dudarlo… y con hambre.”