Sala Prive
“Fuimos por la despedida de soltero de mi amigo Braulio (Obviamente nacido al otro lado del Atlántico) que mide aproximadamente lo mismo que Gargamel el malo de los pitufos y tiene el nabo como un tapón de cocacola. Cuando entramos todo muy limpio y ordenado, parecía eso mas un pasillo del Ikea que un puticlub. Entonces se le acercó a mi amigo Braulio una mujer que se hacia llamar Dayana de aproximadamente metro ochenta con la voz mas grave que los subwoofers del seat de un cani. A mi amigo le pareció atractiva y le acompañó a una sala que estaba bastante alejada de la barra. Cuando Braulio salió de la habitación andaba que parecía que le habían hecho un torniquete después de recibir un disparo de una AR-15. Por lo visto, Dayana era Diego, que tenía tal tranca que te salta un ojo aún llevando gafas. Braulio cogió tal trauma que decidió hacerse las maletas para volverse a Lima y cancelar hasta su boda. Yo sin nada mas que objetar, muy buen servicio. El parking gratis, ponían buenos éxitos para bailar y el jabón de manos del baño era de olor nácar. Experiencia muy recomendada.”