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Opiniones

  1. antonio gras ★★★★★

    Frente a la concepción clásica de cocinas de envergadura, tanto en espacio como en lo que aparece sobre el plato, Islares, recientemente ganadora de su primera estrella Michelín, muestra otra manera de entender la alta cocina. Pequeño espacio, atención minuciosa, emplazamiento de lujo, y una culinaria transversal que quiere mostrar la riqueza no de un sólo espacio, sino de una geografía concreta, la que recorre el norte de la península ibérica. Apenas cuatro mesas de dos comensales y otra más amplia, para dar servicios de hasta 14 personas. Dos cocineros que trabajan a la vista del público, y dos personas en sala, más un ayudante en la limpieza de platos, componen el staff de un modelo que se va repitiendo por la geografía española, donde pequeñas platillas, reciben a pocos comensales, pero realizan una culinaria de altísimo e inolvidable nivel. Vienen a la cabeza nombres como Leartá en Sevilla, Frases, en Murcia o Carmen Playa, en San Javier, por citar sólo algunos, espacios que siguen este modelo. Y hay , por fortuna, cada vez más. Buena carta de vinos, buenas copas, vajilla artesanal, todo en la dirección de hacer que la experiencia sea personal, cariñosa, humildemente sabia. Se abre la experiencia del menú de 9 pases (98€) con un cuarteto de aperitivos donde Julen Bergantiños, nos muestra que la sencillez, impulsada por el sabor, es el camino de esta cocina que partiendo de Galicia llega hasta las orillas del Nervión. Seleccionados productores que recuperan verduras y cuidan de que nuestra memoria pueda volver a sabores verdaderamente de antaño. El caldo de calabaza de Tiós es un tesoro que regala empeño y conciencia. El bollo preñao habla de una extraordinario chorizo de costilla de cerdo. Delicada la tartaleta de alubias, que seguramente no merece colocarse tras el bocado del bollo, de intensidad emocionante, y que quizá agradecería un contraste más expansivo que las huevas de trucha. La morcilla con manzana limpia y hace que el regusto de graso de cerdo quede delicadamente tatuada en el paladar. Un regalo hechizado. La sucesión de vajillas entrañables que van recogiendo las propuestas que parten desde cocina hacen que el diálogo comensal/Islares vaya haciéndose imborrable. El servicio aporta cariño, conocimiento e implicación, y no dejan nada a la casualidad. La comida va creciendo en intensidad y las buenas maneras del cocinero logran desbordarse en la jugosa empanada, sin otro acompañamiento de unos pétalos de flores que aportan naturaleza a la humedad y sabor del relleno y la impresionante masa. Dos vinos nos acompañan en la parte salada de la comida. Un espumoso de Viura de la Rioja, Taupada (latido), con una minúscula producción de 500 botellas y 24 meses de crianza en rima. Que merece poder guardarse un poco más para afinar contenido. Y un tinto extraordinario. Eklipse de Itsasmendi, donde la Pinot Noir arropa a la autóctona Hondarrabi Zuri, y consigue un vino extraordinario, fresco, vivo , cargado de emoción sin pesadez ni artificio. Sorprende e inteligente la combinación de manitas, salicornia y cococha. Así como el final cárnico del menú, rodeado de flores que le proporcionan una nota vegetal y fresca al porco celta, bien guisado y con una buena salsa tirada, de las que unen labios. En la parte final del menú aprovechamos para probar un plato de tres quesos, que maridamos con un vino dulce de Itsasmendi, Y en el postre propiamente dicho pudimos degustar dos vinos más; Astolabiza y Para do pe. Maravillosa el alga azucarada que en el postre de CHOCOLATE OXOCO DE VALDOVIÑO, ALGAS Y MANTEQUILLA DE AGUA DEL CANTÁBRICO , cierra el menú. Islares se ha convertido una alternativa fresca a las grandes propuestas que hoy la ciudad ofrece. Con una visión abierta y generosa de la cocina que transita el norte español. Imprescindible. Un placer haber pasado un rato tan feliz en esta sobresaliente casa.

  2. Carlos Manzano Alonso ★★★★☆

    Islares es uno de esos proyectos que merece toda la atención. Un restaurante joven, ubicado en un espacio luminoso y cálido, con grandes ventanales que llenan la sala de vida. La ubicación es magnífica y el ambiente transmite calma, intención y mimo. Todo está pensado, se nota la voluntad de ofrecer algo diferente y, sobre todo, de hacerlo con identidad propia. Es precisamente esa identidad propia la que, a mi forma de verlo, a veces les empuja a buscar una serie de platos que no terminan de estar del todo redondos, aunque varios de ellos sí despiertan un interés genuino. Esa búsqueda, incluso en su irregularidad, me parece valiosa. Prefieren arriesgar antes que caer en lo previsible, y ese gesto, ese deseo de escapar de lo cotidiano para ofrecer una experiencia con voz propia, tiene un mérito enorme. El servicio de sala es impecable, con una atención sobresaliente por parte de Marco, siempre atento, natural y con oficio. La carta de vinos, sin ser extensa, tiene mucho criterio: centrada en el norte de España, bien seleccionada y perfectamente alineada con la cocina. Entre los platos, destaco especialmente el escabeche de perdiz roja, afinado y profundo. La empanada de raxo, en cambio, me parece sobre todo una muestra de valentía y de criterio. Un acierto absoluto incluirla en un menú degustación, porque hay platos que deben ser defendidos. Hacer un buen hojaldre es un arte, y un relleno sabroso y equilibrado puede ser tan complejo como cualquier elaboración de alta cocina. La salsa verde de cerdo me pareció una auténtica joya. Una receta recuperada del recetario tradicional que sustituye el fumet por caldo de cerdo, logrando un colágeno natural, una textura perfecta y un sabor que envuelve. La cococha, que protagoniza el plato, encuentra ahí su mejor contexto. Es una elaboración redonda, que ya por sí sola justifica la visita a Islares. En el apartado dulce, sin ser especialmente aficionado al chocolate, debo decir que el postre de chocolate me pareció excelente: equilibrado, con matices, texturas bien contrastadas y una elegancia inesperada. Entre los petit fours, un bollito de arroz absolutamente delicioso, un cierre perfecto para una comida de nivel. Proyectos como Islares necesitan tiempo y apoyo. Son el reflejo de una nueva generación que quiere construir su propio lenguaje, que se atreve a explorar, a reivindicar la tradición sin caer en la nostalgia. A pesar de su juventud, Islares muestra una solidez poco común y una voluntad sincera de ser algo más que un restaurante. Es, sin duda, una casa que merece seguir de cerca.

  3. Sebastián Zavaleta ★★★★★

    Si te gustan los restaurantes con menús por pasos, Islares es una excelente opción. Los platos están elaborados según la estacionalidad del año y mezclan la cultura y tradiciones no sólo del país Vasco sino de otras regiones del país. Muy buena calidad en la ejecución de las recetas y mezcla se sabores exquisita. La historia que acompaña cada uno de los platos es increíble. Muy recomendable, fue una experiencia increíble!

  1. marga serrano ★★★★★

    Lo descubrí por casualidad una mañana mientras buscaba en Google un buen restaurante para comer en Bilbao, ya que solo iba a estar unas horas de paso antes de coger el avión de vuelta por la tarde. Quería salir de lo típico de pinchos y buscaba algo más tradicional y diferente de la zona, y entonces apareció Islares. Se trata de un proyecto que busca recuperar platos tradicionales y olvidados del territorio, reinterpretándolos con un toque actual y siempre respetando la calidad de la materia prima y a sus productores. Cada plato tiene una historia, y la jefa de sala, Carlota, me la explicaba con detalle durante la presentación. El equipo trabaja de maravilla: la comida estaba deliciosa y el servicio me hizo sentir muy cómoda y bien atendida. El ambiente es minimalista y sobrio, con un gran ventanal que da a la calle y deja entrar mucha luz natural. La sala es pequeña, con pocas mesas, pero con suficiente separación entre ellas para poder conversar con tranquilidad. Me encantaron los pequeños detalles que marcan la diferencia: servilletas bordadas, cubertería y platos de presentación cuidadosamente escogidos, siempre coherentes con la historia de cada receta, lo que hace que la experiencia sea más completa. También me gustó que la minuta llevara mi nombre impreso, junto con los nombres de los platos y los productores con los que colaboran. La cocina está abierta, lo que permite ver cómo los chefs hacen su magia en directo. En definitiva, muy contenta de la experiencia, he podido probar un pedacito de la historia de la cocina del norte que, hasta ahora, me era menos conocida. Además, valoro mucho que acepten reservas para una persona, algo que no siempre sucede en restaurantes de este tipo. Por poner algo a mejorar bajo mi punto de vista es que 3 platos llevaban espuma. Soy de las que valoro que solo se use en un plato esa técnica y no se repita para poder probar otras técnicas. Sin duda, volveré. ¡Felicidades al equipo de Islares!

  2. Ana R A ★★★★★

    A mi pareja y a mí nos regalaron el menú de 13 pases, y qué acierto! Toda una experiencia desde que entras por la puerta. El servicio es muy amable y te explican con mucho mimo y cuidado. Tienen 4 menús al año y cambian según la estación para ofrecer siempre productos de temporada. A nosotros nos ha tocado el de primavera basado en verduras y hortalizas, y todo estaba riquísimo. Por decir algo, tal vez se eche de menos algo más de proteína animal. Igualmente todo lo que hemos probado era muy sabroso y tenía una preparación y decoración excelente. Recomendable para una ocasión especial. Intentaremos repetir cuanto antes!

  3. Alexander Siles Hinojosa ★★★★★

    200% recomendable! Soy norteño afincado en el sur y no puede haber mejor homenaje a nuestra cornisa cantábrica que este proyecto de Julen y todo su equipo! Increíble!!! Volveremos una y otra vez!

  1. Lucia Gutierrez Garcia ★★★★★

    Hemos ido hoy a comer y una maravilla! Decidimos pedir el menú largo y un completo acierto, sabores muy cuidados y presentaciones maravillosas. Un menú elaborado con producto de temporada y tratado a la perfección. Nos sentimos muy a gusto, la atención y el ambiente mejor imposible. Muchas gracias por brindarnos la posibilidad de tener esta experiencia y mucha suerte.

  2. Carolina Ro ★★★★★

    Nos encantó!!! La ubicación al lado del Guggenheim y de una parada de taxi... La decoración sobria pero acogedora e incluso la música de fondo!!!! El concepto de los dos menús uno largo y otro corto de productos del norte de España algunos que no habíamos oído en la vida... El ritmo con el que salió toda la comida, los sabores... El caldo de calabaza es un sueño!!! Fuimos con nuestro hijo (11 años) que tb comió menú degustación y salió encantadísimo porque pudo ir a la cocina y hablar con el cocinero!!!! El precio super super acorde al nivel!

  3. Alba Fernández Higueras ★★★★★

    Producto local y de temporada súper bien tratado. Nos pedimos el menú A8, todos los platos nos gustaron muchísimo, especialmente el tomate de Erandio y las manitas de porco Celta. Tienes una selección de vinos muy completa e innovadora. Repetiremos seguro.

  1. MK L ★★★★★

    Disfrute total con el menú degustación corto. Todo perfectamente explicado, con sentido y bien hiladas las elaboraciones y bien regado con dos ricos caldos que pedimos. Repetiremos sin duda!

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Nueva opinión

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la dirección de Islares Restaurant?

Islares Restaurant está ubicado en la calle Mazarredo Zumarkalea, 65 bis, 48009 Abando, Bilbo, Bizkaia, España

¿Cuál es el número de teléfono de Islares Restaurant?

Puede contactar con Islares Restaurant al +34 944 06 37 31

¿Cómo se puede llegar a Islares Restaurant?

Puede llegar a Islares Restaurant a través del siguiente enlace

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