Si visitas el museo y dudas entre coger el coche para comer o comer aquí, déjame que te resuelva la duda ¡CORRE, FOREST, CORRE! y vuelve después de comer. ¿Te acuerdas de la comida del comedor del colegio? Pues peor todavía. En el menú del día había lubina, cuando te traen el plato no es ni la prima fea de ella, bañada en un "refrito" de aceite tratando de esconder el sabor a pescado en mal estado, tan bañada en ese refrito que de haber estado viva, podría haber salido nadando. Los macarrones al Fredo de primero... No sé quién será Alfredo, pero no idea tiene de hacer macarrones. Muslo de pollo y panceta al horno con exactamente el mismo sabor. Lo único que se podría salvar es la bolsa de ensalada floret que va de la bolsa al plato, ninguna complicación. Mira que no me considero una experta en gastronomía, pero creo que ni los cerdos se comerían esto, y eso que lo único que dejan son los dientes... Creo que son conscientes de la porquería que sirven ya que no dicen ni mú cuando levantan una mesa y ven la cantidad de comida que han dejado en los platos y evitan el contacto visual a toda costa no vaya a ser que te quejes. Y, como último dato, creo firmemente que el personal tiene la misma idea de trabajar en hostelería que mi hijo de 8 años de la vida.
Fotos
Opiniones
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Saray M.E. ★☆☆☆☆
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Anabel Jordá ★☆☆☆☆
vaya nada mas que comentar que lo que pone en los comentarios, no vale la pena la comida y la hora que cierran cocinas. Les sirven a la mesa de al lado unas hamburguesa y nosotros a coger de la barra. Vaya desastre de sitio, que pocas ganas de trabajar veo yo por este "bar/restaurante" patético id fuera a comer, recomendación personal
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José María Sarasa ★☆☆☆☆
Visitar el Museo de la Ciencia de Donosti es, sin duda, un deleite para los sentidos y la mente. Pero lo que verdaderamente eleva esta experiencia a la categoría de excelsa es el restaurante del museo, donde el arte culinario se encuentra con la ciencia para ofrecer un viaje gastronómico inolvidable. Desde el momento en que cruzas la puerta, te envuelve una atmósfera que combina la modernidad con un toque de sofisticación que invita a disfrutar cada momento. La atención del personal es impecable: atentos, conocedores de cada detalle del menú y siempre dispuestos a sugerir el maridaje perfecto para cada plato. El menú es una obra maestra en sí misma. Cada plato parece haber sido cuidadosamente diseñado para ser una experiencia científica y artística. Los ingredientes son frescos, locales y de una calidad insuperable, pero lo que realmente asombra es la creatividad con la que se combinan. La presentación es exquisita, cada plato es un pequeño experimento de texturas, sabores y colores que invita a ser degustado con todos los sentidos. Destacar un solo plato sería injusto, pero debo mencionar el "Yogurt en copa de vino", una auténtica sinfonía de sabores donde cada bocado es una explosión de frescura y complejidad. Los postres, por su parte, son el broche de oro perfecto: el "Crep moqueta de Napalm" es una verdadera joya que se deshace en el paladar, dejando un recuerdo imborrable. En definitiva, el restaurante del Museo de la Ciencia de Donosti no solo alimenta el cuerpo, sino también el espíritu. Es un lugar donde la ciencia y el arte se unen en un abrazo culinario que trasciende lo cotidiano, elevando la gastronomía a la categoría de experiencia sublime. Un destino imprescindible para cualquier amante de la buena mesa que se encuentre en la ciudad. Vayan antes de que una inspección de sanidad cierre el local.
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Joseba Etxenike ★☆☆☆☆
En este bar/cafetería, sin necesidad de ponerse un pasamontañas, te atracan a cara descubierta. Una auténtica vergüenza y un gran abuso el sufrido ayer a la tarde, donde nos cobraron por una cerveza sin gluten, cerca de 5 euros y por un cortado 1'70. A nosotros ya nos han visto ahí, para no volver nunca, y espero que está reseña sirva para avisar a incautos como nosotros y no abonen consumiciones a esos precios que no los cobran ni empresas de más alto rango y más céntricas de nuestra ciudad.
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Carlos Andrade ★☆☆☆☆
Más de una hora para que nos sirvan, no he visto nunca tanta clientela quejándose de la tardanza del servicio, hace falta más personal, una pena
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Tamara sanchez ★☆☆☆☆
Llegamos a las 14.45 y ya no servían. Cómo nosotros varias familias con niños que se quedaron sin comer. Tampoco tenían vasos limpios para cafés y todo estaba muy sucio. Un desastre
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Aio ★☆☆☆☆
Al salir del museo le pregunté a la de recepción a qué hora cerraban el bar y me dijo que a las 19.30h perfecto porque eran menos diez y nos daba tiempo de tomar algo. Al llegar a la barra le pedimos dos DESCAFEINADOS DE SOBRE y me dijo que no porque había limpiado la cafetera, que cerraban ya.... Le digo que cerraban en 35 minutos y aún así no me quiso atender. Así que fuimos a un bar que está súper cerca " El Fogon de Miramon", que aunque cerraban en 15 minutos nos atendió de maravilla!! Un chico maravilloso y un lugar genial
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Odile ★☆☆☆☆
Al salir del museo le pregunté a la de recepción a qué hora cerraban el bar y me dijo que a las 19.30h perfecto porque eran menos diez y nos daba tiempo de tomar algo. Al llegar a la barra le pedimos dos DESCAFEINADOS DE SOBRE y me dijo que no porque había limpiado la cafetera, que cerraban ya.... Le digo que cerraban en 35 minutos y aún así no me quiso atender. Así que fuimos a un bar que está súper cerca " El Fogon de Miramon", que aunque cerraban en 15 minutos nos atendió de maravilla!! Un chico maravilloso y un lugar genial
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Aitor Velar ★☆☆☆☆
Muy mal, en la línea del resto de comentarios, la comida es muy muy floja, pero debo añadir que como no les quedaba crema agria para los natxos, el cocinero ha decidido ponernos NATA MONTADA. Una auténtica vergüenza. Estoy bastante seguro que como tengan una inspección de sanidad, lo cierran.
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