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Opiniones

  1. Carlos Maribona Ávila ★☆☆☆☆

    Releo ahora, con el año a punto de expirar, mis notas de aquel abril de ritos y pasiones en Ourense. Buscaba una liturgia a la altura de la solemnidad que se respiraba en sus calles, pero en D’Auria solo hallé una decepcionante penitencia. En el ecosistema gastronómico de Ourense, donde la materia prima es el alfabeto mínimo de cualquier cocinero, D’Auria (Rúa dos Fornos, 2) ha decidido practicar un lenguaje de omisiones y artificios. Mi visita en abril de 2025 ha sido la constatación de una cocina que ha sustituido la precisión por el escaparatismo y la cultura por el inmovilismo. La bodega: Un desierto de ambición global Lo que encontramos en D’Auria es una declaración de analfabetismo internacional. En una era de hiperconexión, es inadmisible que un establecimiento de este rango de precios practique este aislacionismo vinícola. La ausencia total de vinos internacionales es una herida abierta en su propuesta. ¿Dónde está la tensión mineral de un Riesling del Mosela o un Grüner Veltliner austriaco para limpiar el paladar de sus frituras? ¿Dónde queda la finura de un Pinot Noir de Borgoña o la estructura de un Nebbiolo del Piamonte para dialogar con el producto local? Ni siquiera un Champagne —herramienta indispensable para cualquier marisco digno— tiene cabida en esta carta de "zona de confort". Una bodega que no mira al mundo es una bodega que no entiende la gastronomía contemporánea. El producto gallego masacrado por la técnica Gallaecia regala tesoros, pero D’Auria los trata con una negligencia que roza lo ofensivo. La técnica de cocina aquí no potencia el producto; lo anula. El pulpo y la ingeniería de la estafa: Asistimos a una arquitectura del engaño. Una ración dispuesta con geometría calculada para simular volumen, pero que oculta bajo su núcleo una patata partida de dimensiones invasivas. Es el uso del tubérculo como relleno comercial para inflar un ticket desajustado. En la capital del pulpo, intentar engañar al comensal con un trampantojo de cantidad es una insolencia ética. Calamares: La lotería del caucho: La fritura debería ser una ciencia de la textura. Aquí fue una ruleta rusa: de cada dos piezas, una presentaba una consistencia chiclosa y gomosa, síntoma inequívoco de un colágeno mal tratado o una temperatura de aceite errática. Un restaurante que no domina el punto de un cefalópodo básico carece de cimientos. Navajas y zamburiñas: Muerte por salsa: La identidad mineral de las rías se pierde bajo una salsa uniforme y redundante que homogeneiza el sabor, convirtiendo el marisco en un mero soporte de aderezo. Pero el crimen mayor fue el cronómetro: las navajas, abandonadas al fuego, llegaron duras, fibrosas y coriáceas. La sobrecocción es el pecado capital cuando se trabaja con el mar del norte. El milagro de la sala: Un caballero entre las ruinas Resulta casi doloroso observar que el único pilar que sostiene este edificio es su servicio. Destaca la figura de un camarero de gran estatura, con barba y gafas, cuya profesionalidad roza la perfección absoluta. Su educación y saber estar son de un nivel superior; posee la elegancia de la presencia invisible. Sabe leer el tempo de la mesa, apareciendo con precisión quirúrgica en los momentos clave, siempre con la palabra adecuada y una cortesía que hoy es un lujo. Su dedicación es el único motivo por el cual la experiencia no acaba en reclamación; es un profesional inmenso atrapado en una maquinaria que le queda pequeña. Veredicto D’Auria sobrevive por su ubicación y por la excelencia heroica de un servicio que no merece tal castigo en cocina. La técnica es inexistente, el producto gallego se manipula para engañar al ojo y la bodega carece de la cultura necesaria para trascender el código postal. Calificación: Suspenso absoluto en cocina y bodega. Matrícula de honor y mi respeto por ese camarero ejemplar.

  2. Monika Nieto ★★☆☆☆

    Picamos algo en la terraza. El camarero muy amable, nos dijo la especialidad de la casa. Cogimos unos calamares a la romana, especialidad de la casa, pero estaban un poco duros. Respecto a la bebida, pedimos un Kalimotxo y nos sirvieron una sangría. Me ha parecido caro, tanto los calamares como el pan.

  3. alessandro regoli ★★★★★

    Hemos picado algo en la barra. Muy buen ambiente (tranquilo y fresquito). Nos han aconsejado un buen Godell (tierra Monterrei) y unas zamburiñas . Hemos estado super bien y la calidad algo superior se nota. Tambien el trato es distinto,muy profesional y te sientes bien. La verdad leyendo las reseñas y ver un 2 solo porque no dan café ne parece ridículo. Gran sitio.

  1. Vega ★★★☆☆

    Cantidad-precio: caro. Pedimos las carrilleras, la ración de chipirones y la ración de croquetas. Tanto las carrilleras como los chipirones estaban muy buenos: las carrilleras estaban sabrosas y acompañadas de las patatas y la salsa estaban buenísimas; al igual que los chipirones, aliñados con aceite y perejil. Sin embargo, en cuanto a cantidad nos pareció que deberían o bien ajustar 1poco los precios o bien incrementar la cantidad. Por otro lado, las croquetas (4) no nos pareció que tuviesen “nada especial” para el precio que tienen. El trato por parte del personal, muy bueno. El camarero que nos atendió fue un chico de unos 20 años, muy servicial y muy simpático. Así en resumen: mala gestión cantidad-precio pero buena calidad. Salimos a ~23€/persona (con 1bebida y pan).

  2. Marga Corchero ★★★★★

    Nos encantaron los huevos rotos que los preparan de muchas formas. Nosotros los tomamos con entrecot y estaban buenísimos, la carne tierna y en el punto que la habíamos pedido Los acompañamos de una tabla de ibéricos que estaban buenísimos y un vino que nos recomendaron que también estaba muy bueno. En resumen una experiencia muy recomendable

  3. Yanis Govea ★★★★★

    Comimos ayer noche y la verdad que el trato y la comida excelente. Nos lo recomendaron y no pudo ser mejor elección.

  1. Gustavo Castro ★★★★☆

    El lugar es excelente y la comida estuvo muy buena. Todo ha estado muy bien hasta que llegada la hora de cerrar, prácticamente nos echaron sin haber terminado aún lo que quedaba de comida y bebida. Creo que deben modificar ese aspecto de la atención al cliente.

  2. Francisco Gomez ★☆☆☆☆

    Sitio muy desagradable. Un camarero no hace más que hablar en un tono de voz super alto en mitad de la calle. Imposible estar cómodo en la terraza o en las terrazas vecinas. Fumando. Servicio muy malo.

  3. gonzalo pampin ★☆☆☆☆

    Sitio bien decorado, pero con muy mal servicio, el camarero un chico joven más pendiente de lo que pasa en la calle que en los clientes, un buen rato sin hacer ni puñetero caso... la comanda se olvidó de cosas, la mesa llena de platos vacíos y no recoge nada....etc. etc... sitio nada recomendable....

  1. Angel ★★★★☆

    Un lugar reformado con gusto, en pleno corazón de la calle de los vinos de Orense . Su fama, merecida, la tiene principalmente por los huevos rotos y el solomillo de vaca gallega. Desde su reforma y tras sus inicios tranquilos ha ido a mejor en todo. Hasta tiene una pequeña terraza a la entrada. Con ambiente. Últimamente hay un camarero, Andriu, que también le da un punto de alegría. Los pinchos con el vino , servido en una excelente cristalería, ricos.

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Preguntas frecuentes

¿Cuál es la dirección de D´AURIA?

D´AURIA está ubicado en la calle Rúa dos Fornos, 2, 32005 Ourense, España

¿Cuál es el número de teléfono de D´AURIA?

Puede contactar con D´AURIA al +34 988 54 16 44

¿Cómo se puede llegar a D´AURIA?

Puede llegar a D´AURIA a través del siguiente enlace

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