Espectacular!!!!! Cada plato fue exquisito y sus debidas explicaciones los hacen aún mejores. Son sabores que no te esperas, y te sorprenden en la mejor manera. La selección de vinos igualmente fue perfecta, tienen una carta con muchísimas opciones. Gracias a Mar, Jay, Raquel y Kevin por el excelente servicio también. No es solamente una cena, es una experiencia completa que recomiendo por lo menos una vez en la vida.
Fotos
Opiniones
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ana baez ★★★★★
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margarita solarte ★★★★★
Ayer fui al restaurante con un grupo de cinco personas, la verdad es que pasamos una velada muy amena. La comida fue toda una experiencia, cada plato estaba bastante cuidado, y nuestro postre favorito fue la merienda. La verdad es que todo el servicio fue excepcional, y además tuvimos la suerte de que nos atendiera Jay, que nos hizo reír y sentir en casa. Diría que es un menu bien pensado, balanceado y sin excesos. La sommelier también hizo un trabajo estupendo con la selección de vinos.
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Jose Manuel Estacio Gallego ★★★★★
Gratamente sorprendido por su menú degustación, al igual que su hermano Angle la sofisticación de cada plato hablaba por si sola y el tamaño era engañoso pues parecen platos pequeños pero sales de allí muy lleno. Parecía elaborado con ingredientes de temporada y el precio correcto para la sofisticación de los platos e ingredientes enpleados. Resaltar el ficandó de wagyu A5 japones y el postre elaborado con las piruletas de fresa "fiesta" que evocaban un viaje a la infancia. En su contra diré que al no estar acostumbrado a la comida procesada la digestión fue algo pesada y que me pareció un robo pagar 15€ por una copa de vino cuya botella tiene un PVP de 21, 6€ por un café normalito y 6€ por cada botellin de agua de 250ml
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Roberto Perdomo ★★★★★
Decidí ir a Abac con la intención de darme un verdadero homenaje, sabiendo que entraba en un templo del lujo gastronómico. Lo que viví, sin embargo, trasciende la palabra "cena". Es una de esas experiencias que la inmensa mayoría de los mortales no hemos tenido la oportunidad de vivir; es, simplemente, una locura maravillosa que recordaré toda la vida. Desde el momento en que cruzas la puerta, la atención es sublime. No es solo profesionalidad, es una coreografía perfecta donde cada miembro del equipo te hace sentir único. Quiero hacer una mención especial a nuestro camarero (de rasgos asiáticos, creo que holandés) que estuvo, literalmente, de 10. Su amabilidad y atención al detalle fueron excepcionales. En cuanto a la comida, la palabra es "impresionante". Disfruté de prácticamente todo el menú. Fue un viaje sensorial que comenzó con un sorprendente "Bloody Mary" de entrante y continuó escalando hasta los postres. Cada plato era una obra de arte con un sabor que lo respaldaba. Si tuviera que poner un pequeño "pero", sería la cantidad; para una cena, personalmente, me resultó demasiado abundante. Fue una verdadera lástima no poder terminarme los bombones finales. El capítulo del vino merece un párrafo aparte. Cuando el jefe de sala nos presentó la carta de vinos como "la biblia", no exageraba. Es un libro increíblemente extenso, con referencias de todo el mundo, que podría intimidar a cualquiera. Por suerte, la sumiller nos guio de forma magistral, encontrando la botella perfecta para nuestra velada. Mucha gente se preguntará por el precio. Después de vivir la experiencia completa, mi conclusión es rotunda: no es caro. Simplemente, tiene el precio acorde a lo que ofrece. Cada céntimo se justifica en el producto, la innovación, el servicio impecable y las horas de trabajo duro y talento que hay detrás de cada segundo que pasas allí. Me quedé con las ganas de ver o conocer a Jordi Cruz, pero eso no resta ni un ápice de brillantez a la experiencia. Fue mi primer 3 estrellas Michelin y no podría haberme ido más contento. Una experiencia que, sin duda, hay que vivir.
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Alex A ★☆☆☆☆
Mi visita a este restaurante fue un regalo de cumpleaños. Un detalle precioso, sí. Pero como todos los regalos sorpresa: inolvidable… aunque uno preferiría poder olvidarlo. ¿Fue una experiencia diferente?, sin duda. ¿Repetiría?, solo si me pagaran o si el psicólogo me lo recomendara como terapia de exposición. De un restaurante con tres estrellas Michelin esperaba explosiones de sabor, emociones gastronómicas, algo que justificara la fama, el precio y la pompa. En cambio, me encontré con un desfile de platos que parecían concebidos en una pesadilla culinaria. Empecemos por el cóctel “Bloody Mary”: una experiencia que recordaba inquietantemente al agua de un bote de tomates en conserva. Mi abuela, sin coctelera y con delantal de flores, lo haría mejor y con más alma. Entre los primeros, había un esqueleto de pescado envuelto en algo crujiente —una especie de homenaje al chicharrón de una carpa que ya no quería seguir viviendo—. Lo único que se salvó fue mi capacidad de fingir que me gustaba. La anchoa sobre una cama de mantequilla fue otro acto de sadismo gastronómico: una cucharada y sentí que mi colesterol pedía asilo político. La fresa hervida bajo un hielo de fresa (sí, doble fresa) escondía una misteriosa pasta negra de aceitunas. El conjunto sabía a lo que imagino sería besar una babosa con perfume de postre. El plato “Bosque quemado” hacía honor a su nombre: sabía literalmente a incendio forestal. No evocaba la naturaleza, sino el trauma postfuego. Y en otro plato, apareció algo que parecía —y sabía— a piedra pómez para pies. No sé si querían exfoliarme el paladar, pero ideal si uno quiere limpiarse la lengua de los pecados culinarios. Uno de los camareros, con la mejor de las intenciones, añadió una capa de surrealismo a la noche, tratando de explicar la propuesta servida, en un español difícil de comprender, añadiendo más misterio a aquello que íbamos a comer. Total: más de 600 euros para dos personas y cero emociones positivas. Eso sí, cada vez que servían un plato nos recordaban que había que “jugar con la comida”. Tal vez el problema fue que no llevé mi PlayStation. De regreso a casa, paramos en un humilde bar de carretera. Pedimos pollo con patatas y pescado con pisto. Eso sí que fue alta cocina: sabor, sencillez y alma. Propongo que el chef Jordi se haga unas prácticas allí. Tal vez así el “Bosque quemado” vuelva a florecer. Porque, seamos honestos: mucho humo, poco sabor. Al menos me llevé algo positivo: unas ganas tremendas de volver a casa… y un globito rosa.
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Angela Santana Morales ★★★★☆
Al inicio te hacen comer en la cocina, cosa q me encantó, pero para mi gusto, poco espacio y tuvimos que comer deprisa por el grupo de gente que venía detrás y porque ya estaban preparando las siguientes elaboraciones, sin haber terminado la anterior. También hubieron varias elaboraciones muy muy saladas. Entiendo que el coste del producto, del servicio y el tiempo de elaboración tiene un coste superior a la de cualquier otro restaurante, pero a diferencia de otros restaurantes de estrella Michelin (relación precio-calidad-servicio), no volveríamos a ir.
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Carlos BARTE ★★★★★
NO HAY PALABRAS PARA DEFINIR ESTA EXPERIENCIA EN EL HOTEL Y EN EL RESTAURANTE 3 ESTRELLAS MICHELÍN Positivo: Hotel increíble: habitación amplia con jardín precioso, equipación y decoración preciosa. Entorno de detalles muy cuidados: jardines, etc… Restaurante digno de 3 estrellas. Producto sublime. Menú extenso en sabores, texturas, colores y aromas. Muy trabajado, es un auténtico espectáculo. Servicio de camareros sincronizado, amable y servicial: Desayuno al nivel del restaurante. Una experiencia INOLVIDABLE. Negativo: Las esperas antes de sentarse a la mesa. .
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CCC ★★★★★
Fue una experiencia inolvidable desde que entramos por la puerta. La profesionalidad de todos y cada uno de sus empleados. Tuvimos suerte es ese día estaba el chef Jordi Cruz el cual tuvo la amabilidad de pasar a saludar mesa por mesa casi al finalizar la comida. Lo recomiendo si puedes.
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Laia ★★★★★
Un 10 en todo. Fuimos para celebrar el aniversario de mi pareja. La comida sublime, la atención del personal increíble, son todos unos profesionales. Y el ambiente muy relajado y tranquilo. Todo tiene un punto chic pero para nada estirado. Te hacen sentir muy cómoda en todo momento. Lo recomiendo 100%!
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Elena Suarez ★★★★★
Buena experiencia culinaria. Me sorprendieron muchos platos y hubiera repetido sin dudar; Hubo un par de ellos que eran demasiado potentes de sabor y no fui capaz de terminarlos. Referente al servicio, nos sentimos como en casa, es un placer contar con personal que hace que la experiencia sea única. Mi enhorabuena y gracias.
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