Llegamos a este charco pasadas las tres de la tarde. Cuando decidimos bajar la mar estaba un poco picada y el cielo se nubló completamente. No nos pudimos pegar el baño en el charco pero sí lo hicimos en unas pozas o bañeras naturales que hay abajo en la orilla. Lo recomendamos. Aunque el acceso hasta llegar a la orilla, no es acto para todos, ya que has de bajar por piedras el cual tiene un desnivel al que hay que acceder con cuidado
Fotos
Opiniones
-
Antonio Sánchez ★★★★★
-
Ángel C&A ★★★★★
No sé si fue el viento o el destino el que me empujó aquel día a salirme del camino. Había salido temprano, con la intención sencilla de dar un paseo hasta el Charco del Viento, en La Guancha. Tenía la mochila ligera, una botella de agua, un bocata envuelto en papel de aluminio y una birra fría que guardaba como un pequeño tesoro. El sol apenas asomaba entre las nubes cuando eché a andar, y el rumor del mar llegaba desde lejos como una promesa. El sendero serpenteaba entre malpaíses y tabaibas, con el Teide vigilando en la distancia. El aire olía a sal y a tierra seca, una mezcla que siempre me recuerda a mi Almería. Caminaba sin prisa, dejándome guiar por la intuición, cuando vi un pequeño desvío a la derecha. No estaba señalizado, apenas un camino estrecho que se perdía entre las rocas. Algo en mí —ese instinto viajero que todos llevamos dentro— me dijo que debía seguirlo. A los pocos minutos, el rumor del mar se volvió más fuerte, más cercano, y el suelo empezó a descender. Cuando por fin crucé un recodo, el paisaje se abrió ante mis ojos y me quedé sin palabras. Frente a mí estaba Cala Marrajo, un rincón escondido que parecía sacado de otro tiempo. Las aguas eran de un azul casi imposible, y el oleaje rompía suave contra las piedras negras, como si temiera despertar a los espíritus del lugar. Saqué el móvil, hice unas fotos —no muchas, por respeto— y me senté en una roca a contemplar aquel espectáculo. El viento soplaba con fuerza, trayendo consigo un murmullo que no tardé en reconocer: era el sonido del pasado. Cerré los ojos y, durante un instante, creí escuchar las voces de los antiguos piratas que, según cuentan las leyendas, solían refugiarse en estas costas. El mar me hablaba, o al menos eso sentí, en un lenguaje de espuma y sal. Abrí la mochila, saqué el bocata y la birra, y me quedé allí, comiendo y escuchando. Cada trago de cerveza sabía a aventura, a historia. En el reflejo del agua creí ver figuras moviéndose: sombras con pañuelos, barcos recortados en el horizonte, cofres enterrados bajo la arena. Me reí solo, pensando que tal vez el calor o el cansancio me estaban jugando una mala pasada. Pero una parte de mí sabía que no era del todo imaginación. El viento cambió de dirección y trajo consigo un olor a madera vieja y a brea, como si un navío fantasma hubiera atracado justo detrás de las rocas. Las gaviotas, en ese momento, callaron. El silencio fue tan profundo que pude oír mi propio corazón. Y entonces lo supe: los piratas seguían allí. No como cuerpos, sino como presencias. Espíritus que cuidan lo que alguna vez amaron: el mar, el misterio, los tesoros escondidos bajo las olas. Me quedé un buen rato, intentando grabar en la memoria cada detalle. La textura de la piedra volcánica bajo mis manos. El reflejo cambiante del agua. El eco lejano de un canto marinero que parecía venir de ningún sitio. Saqué una última foto, aunque sabía que ninguna imagen podría capturar la magia de aquel instante. Cuando emprendí el camino de regreso, el sol empezaba a caer. Miré atrás una vez más. Cala Marrajo seguía allí, serena, guardando sus secretos. Sentí que me despedía de viejos amigos que no había conocido, pero que de algún modo me habían aceptado por un rato en su mundo. Aquel día entendí que viajar no siempre es llegar a un destino, sino dejarse encontrar por él. Y en La Guancha, caminando sin rumbo, un almeriense descubrió que todavía hay lugares donde el mar conserva voz, y donde los piratas —los de verdad— siguen contando sus historias en el viento.
-
Sergio Rodriguez ★★★★★
Es muy bonito, pero hay que tener precaución al bañarse ya que no hay vigilancia y depende de las mareas pues habrá más o menos peligro, recomendable escarpines, con marea baja verás cangrejos, estrellas, erizos y peces.
-
Celia Crespo ★★★★★
Un rincón natural muy recomendable para quienes buscan una experiencia diferente en la costa norte de Tenerife. El acceso es bastante sencillo, aunque se recomienda llevar calzado cómodo (preferiblemente zapatillas), ya que algunas zonas pueden resultar algo resbaladizas o irregulares. Dependiendo del punto desde el que accedas, el recorrido puede variar en dificultad, pero en general es apto para la mayoría de visitantes. El entorno es muy fotogénico, y hay un pequeño hueco entre las rocas que permite capturar imágenes realmente espectaculares, sobre todo con buena luz. Un lugar ideal para desconectar y disfrutar de una perspectiva única del mar en estado puro. Muy recomendable si visitas la zona.
-
Lorena Molero ★★★★★
Nos encantó! El parking es pequeño y para llegar se tarda un poquito Hay un problema con los robos en ese lugar ya que nos avisó la policía que suelen robar objetos en los coches a la que la gente se baja a la cala Es entera de piedras y si te gusta el snorkel es perfecta Poco sitio abajo por lo que ir pronto o no te puedes colocar en ningún sitio Volveremos !!
-
ANNA M.M ★★★★☆
Me gustó mucho. Puedes llegar en coche y hay un parking allí. Deberás ir con cuidado ya que hay partes de la carretera que es solo para un carril. El acceso a los chacros es facil y las vistas son preciosas. Nos pudimos bañar y disfrutar de un buen rato ya que no había gente. Recomendamos llevar sandalias o escarpines, ya que hay mucha roca que patina para entrar al agua. Un sitio maravilloso.
-
Leo Allende ★★★★★
Maravilloso lugar. Fantásticas vistas. Recomendable ir a ver un atardecer. Precaución en el camino de acceso, por seguridad desplazarse a baja velocidad.
-
Janet Lauda ★★★★★
Un lugar muy bonito con preciosas vistas, lo único es que hay que bajar muchas escaleras pero merece la pena
-
Jara Larrosa ★★★★★
Increíble charco donde hacer snorkel y ver numerosas especies. La bajada es una carretera muy estrecha, de dos sentidos aunque solo cabe un coche, entre plantaciones de plátanos, tienes que ir despacio y echarte a un lado cuando te cruzas con los coches. Al final del camino, llegas a un aparcamiento para menos de 20 plazas. Hay un charco grande y una pequeña playa de piedras, muy agradable.
-
Robert Crespo ★★★★★
Piscina natural a conocer en el norte de la isla, acceso medio plataneras y parking limitado, recomiendo ir temprano, acceso por escaleras. Si el mar está tranquilo es ideal, aguas cristalinas con fondo de piedra, mucha fauna acuática. Sin duda una de mis preferidas de la isla.
Nueva opinión
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la dirección de Charco del Viento?
Charco del Viento está ubicado en la calle Calle Lomo la Bautista, 16, 38441 La Guancha, Santa Cruz de Tenerife, España
¿Cómo se puede llegar a Charco del Viento?
Puede llegar a Charco del Viento a través del siguiente enlace